En un bosque montañoso, bajo luna llena, el viento susurra entre pinos y grillos cantan bajo. Un niño grita: ¡Papá! ¡Hay algo en el árbol! Una niña añade: ¡Se movió! La cámara tiembla, apunta al gran árbol envuelto en neblina. Un crujido, un destello verde. Suspenso crece. De las ramas, surge un duende pequeño, gorro rojo, ojos brillantes, sonrisa pícara. Tranquilos, niños… no les haré daño, dice con voz ronca, cálida. Vivo aquí, cuidando la montaña. Los he visto jugar, y siempre los protejo. Luces verdes giran como magia. El padre llega con linterna, susurra: ¿Un duende? La niña sonríe: Dijo que nos cuida… El duende salta, ríe: Respeten el bosque, y estaré cerca. ¡Pura vida! Se disuelve en brillo verde, mezclándose con la luna. La cámara se aleja; su risa queda entre grillos. Texto final: En cada árbol vive un guardián… solo hay que escucharlo. Fundido a negro
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